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vaknik

Vaknik

Vaknik viene de la palabra islandesa “vakning”, que debe de venir a significar algo así como “renacimiento”. Para mí es el símbolo de este momento.

No quedan muchos motivos para ser optimista en este tiempo. Hay algo peor que caer por un agujero y golpearse contra el fondo, y es seguir cayendo sin tocar fondo. Sin embargo, de vez en cuando veo rayos de esperanza en pequeños detalles. Veo a las personas despertar, indignarse por las injusticias, protestar, ser más conscientes. Y supongo que, aunque pequeño y tembloroso, es un primer paso.

Al final de la Edad Media, hubo quien se dedicó a juntar a intelectuales y a subvencionarles para que trabajaran en eso que ahora llamamos sociedad del conocimiento. No tengo dudas de que será así de nuevo. A veces pienso que este renacimiento está a la vuelta de la esquina. A meses de nosotros. Otros días, como hoy, lo veo lejos. Veinte, treinta años.

Y yo no puedo esperar tanto. Y por eso me interesa Islandia.



Visual es una revista sobre diseño, creatividad y comunicación muy interesante que descubrí el otro día en uno de mis asaltos periódicos a la Fnac, de donde me volví con el número 157 bajo el brazo.

Del número en cuestión destacaría una muy interesante entrevista a Susan Kare, la diseñadora de los iconos del Macintosh, acompañada de unos cuantos ejemplos de su trabajo, todos ellos dignos de exhibirse en un museo. Por lo demás, el habitual repaso por la actualidad del mundo del diseño, artículos temáticos, reseñas de exposiciones y bastante opinión.

Gracias a esto último ahora sé que el mundo del diseño no muestra signos de superar la crisis en que se encontraba cuando perdí el contacto con el mismo. De hecho, quizás la cosa se esté complicando todavía más. Percibí mucha frustración y mucho enfado de sus columnistas, pero también –tengo que decirlo– un poco de lloriqueo, al estilo patrio de “¿qué hay de lo mío?”. Esto último me impedirá, probablemente, volver a soltar los 7,21 € que cuesta, al menos en un futuro cercano.



Hoy estuve dándome una vuelta por el centro de Barcelona, y entré en dos tiendas: la Apple Store de Passeig de Gràcia y la Havaianas Store de El Triangle. Aunque no tenía pensado comprar nada en la primera, y no lo hice, sí que me apetecía llevarme algo de la segunda. De hecho fue el motivo por el que me acerqué al centro. Al final, me volví a casa con las manos vacías, y pensando sobre la experiencia de compra –bueno, de no compra en este caso- tan radicalmente distinta que me había ofrecido cada tienda.

No voy a detenerme mucho en la Apple Store, una tienda donde el cliente puede toquetear hasta el agotamiento el producto que eventualmente va a llevarse a casa, repleta de personal motivado y sonriente encantado de ayudarle. De hecho sólo me interesa como contraposición a la tienda de Havaianas de El Triangle, posiblemente el peor sitio donde he intentado comprar algo de más de 10 euros. No sé a quién se le ocurrió que 6 metros cuadrados era superficie suficiente para una tienda de calzado, pero desde luego me gustaría verle disfrutar de la experiencia. El espacio es tan reducido que la cola que se forma en el mostrador ocupa casi todo el sitio disponible, así que los clientes tienen que andar sorteando obstáculos para poder tomar un par de sandalias de unos expositores no muy bien ordenados y probárselas haciendo equilibrios mientras tratan de no estorbar mucho a los demás.

Estuve un rato siendo maltratado así, aguantando la incomodidad porque al fin y al cabo quería comprar las malditas sandalias. Al final, viéndome incapaz de encontrar nada decente en mi talla, y demasiado exasperado por la situación, me marché.

No sé si me quedan ganas de intentar lo propio en otra tienda. Tendré que esperar a que se me pase :-P.



Yorokobu es un nombre casi tan difícil de recordar como Vaknik, aunque al final vale la pena hacerlo. Encontré un ejemplar de esta revista a bordo de un avión de Vueling, en el vuelo de vuelta de mis últimas vacaciones, y fue una agradable sorpresa.

Sus artículos, originalmente ilustrados y perfectamente maquetados, se mueven entre el diseño, la arquitectura, las redes sociales, la moda, las compras y la mayoría de los temas que interesan a los humanoides de hoy en día.

Lo cierto es que Yorokobu enamora. Y por un momento me encontré sopesando seriamente suscribirme a la edición de papel, aunque pagar para recibir información impresa a estas alturas de la historia se me hace cuesta arriba. Así que creo que por el momento me dedicaré a devorar los números antiguos en el iPad y aprovecharé el siguiente paso por la Fnac para llevármela a casa :-).



Apreciada por un minúsculo puñado de personas en todo el mundo. Es una carta de presentación tan genial como contundente, y sirve de cabecera al librito que acompaña cada botella de la mítica ginebra Hendrick’s.

A lo largo de 12 pliegos, este singular librito detalla las características que hacen tan especial a la Hendrick’s, haciendo gala de un tono tan deliciosa e irónicamente triunfalista que es imposible resistirse al mismo. Sentía la tentación de incluir aquí alguna cita, pero creo que se perdería la magia.

Es hora de desterrar al agotado limón.